Judíos marroquíes: origen, historia, cultura y tradiciones


Los judíos marroquíes forman una de las comunidades judías más antiguas e influyentes del mundo islámico. Su presencia en el territorio del actual Marruecos está atestiguada desde, al menos, la época romana (Volubilis), y se reforzó con la expulsión de los judíos de Sefarad (España) en 1492, que duplicó la comunidad. En su apogeo, en 1948, contaba con alrededor de doscientos cincuenta mil personas. Hoy quedan en Marruecos entre dos y tres mil residentes, pero la diáspora judeo-marroquí supera el millón de personas y mantiene vivos los vínculos culturales, religiosos y económicos con su tierra de origen. Para situarlos en el conjunto del país, consulta el hub de tribus de Marruecos.

Ficha técnica

UbicaciónHistórica: Fez, Marrakech, Tetuán, Tánger, Esauira, Sefrou, Demnate, Mequinez, oasis del Drâa y del Sus. Actual: Casablanca, Marrakech, pequeña presencia en Tánger
Población~2.000-3.000 en Marruecos; ~1 millón en la diáspora (Israel, Francia, Canadá, EE. UU., España)
LenguaJudeo-árabe marroquí, haquetía (judeoespañol del norte), hebreo
ReligiónJudaísmo (mayoritariamente sefardí; sustrato megorashim y toshavim)
OrganizaciónComunidades (kehilot) con rabino, gran rabinato, consejo comunitario
EconomíaComercio internacional, finanzas, artesanía (orfebrería, cuero), profesiones liberales
Rasgo distintivoConservación del patrimonio en el Marruecos contemporáneo; la monarquía como protectora histórica
Claves culturalesSinagogas históricas, melhûn judío, gastronomía sefardí, peregrinación a hiloulot

Organización social

La comunidad judía marroquí está históricamente formada por dos grandes capas: los toshavim («residentes»), descendientes de los judíos asentados en el territorio desde la Antigüedad y el medievo, y los megorashim («expulsados»), descendientes de los sefardíes que llegaron en 1492 tras el decreto de los Reyes Católicos. Las relaciones entre ambos grupos no siempre fueron fáciles —se mantuvieron tradiciones litúrgicas, halájicas (jurídicas) y gastronómicas distintas durante siglos—, pero la convivencia acabó produciendo una identidad judeo-marroquí mestiza, rica en sus matices regionales (Schroeter, 2002).

Cada ciudad marroquí con presencia judía albergaba un mellah (barrio judío), el primero de los cuales se creó en Fez en 1438. El mellah era una zona urbana cerrada, regida por estatuto comunitario propio: el rabino dirigía la vida religiosa; el nagid o el sheikh al-yahud representaba a la comunidad ante el sultán y mediaba en los conflictos. Los gremios profesionales (orfebres, plateros, comerciantes de telas, tintoreros) tenían organización propia. La jurisdicción rabínica (bet din) resolvía los asuntos civiles internos. La emancipación legal completa llegó con el protectorado francés (1912) y se consolidó tras la independencia (1956).

Lengua

Los judíos marroquíes han hablado históricamente varias lenguas según región y origen. Los toshavim hablaban una variedad del judeo-árabe marroquí, con préstamos hebreos y arameos en el léxico ritual. Los megorashim de origen sefardí preservaron durante siglos el judeoespañol del norte, conocido como haquetía, especialmente en Tetuán, Tánger, Larache y Xauen. La haquetía, primo del ladino oriental, conservaba romances y refranes del castellano medieval junto a préstamos del árabe y del hebreo. El hebreo era la lengua litúrgica y de la cultura erudita. A partir del siglo XIX, la red de escuelas de la Alliance Israélite Universelle introdujo el francés como lengua de modernización social y profesional, convirtiéndose en la lingua franca de la burguesía judía urbana.

TérminoLengua y significado
MellahJudeo-árabe: barrio judío urbano
HaquetíaJudeoespañol del norte de Marruecos
ToshavimHebreo: «residentes», judíos autóctonos
MegorashimHebreo: «expulsados», judíos sefardíes llegados en 1492
HiloulaHebreo-arameo: peregrinación a la tumba de un sabio
Bet dinHebreo: tribunal rabínico

Territorio y economía

El mapa judío marroquí ha sido siempre denso: pequeñas comunidades rurales en el Atlas (Demnate, Telouet, Sefrou, Tinghir, Imintanout), comunidades de tamaño medio en las ciudades imperiales (Marrakech, Fez, Mequinez, Rabat) y grandes comunidades cosmopolitas en los puertos (Tánger, Tetuán, Esauira, Casablanca). La economía judía marroquí fue particularmente activa en el comercio internacional: los tujjar al-sultan («mercaderes del sultán»), familias judías designadas como agentes diplomático-comerciales del sultán, monopolizaron durante siglos parte del comercio con Europa (Schroeter, 2002, sobre la familia Macnin). La orfebrería de plata y oro, la marroquinería, el comercio de telas y de cera, la banca y, ya en el siglo XX, la industria fueron actividades centrales.

La emigración masiva de 1948-1967 transformó esta geografía: la creación del Estado de Israel (1948), las tensiones del conflicto árabe-israelí, la independencia marroquí (1956), las guerras de 1956 y 1967 y la apertura migratoria a Francia y Canadá vaciaron casi por completo los mellahs rurales y urbanos. Hoy quedan en Marruecos entre dos y tres mil judíos, concentrados sobre todo en Casablanca, con presencia residual en Marrakech, Fez, Mequinez, Rabat y Tánger.

Vestimenta

La vestimenta tradicional judía marroquí ofrecía variantes regionales notables. En el norte (Tetuán, Tánger), las mujeres lucían el espectacular keswa el-kebira («el gran vestido»): falda de terciopelo bordada con hilos de oro, corpiño rígido, mangas amplias y aderezos de joyas familiares, conjunto de origen ibérico que se usaba en bodas y celebraciones. Los hombres llevaban chilaba oscura, kipá o sombrero, y a veces la jameleon. En las regiones rurales del sur, las mujeres usaban túnicas largas con bordados y mantos azules o negros; los hombres, chilaba con kipá o turbante negro pequeño. La joyería femenina, transmitida de generación en generación, conservaba motivos hispano-árabes característicos: gargantillas, pulseras, anillos de plata y oro con esmaltes coloridos.

Creencias y espiritualidad

El judaísmo marroquí es mayoritariamente sefardí, sigue el rito conforme a las costumbres de los megorashim y se rige por las decisiones halájicas de los grandes rabinos magrebíes (Joseph Karo, Yaakov Berdugo, Refael Berdugo, Yakov Abuhatzeira). Una rica tradición cabalística floreció en el Marruecos del siglo XVIII y XIX, con figuras como Hayim ibn Attar (autor del comentario al Pentateuco Or ha-Hayim), enterrado en Jerusalén pero originario de Esauira. La devoción popular se canaliza a través de las hiloulot, peregrinaciones anuales a las tumbas de los grandes rabinos: la de Rabbi Amram ben Diwan en Asjén-Ouazzane, la de Rabbi David u-Moshe en Timzeret y la de Yakov Abuhatzeira en Damanhur (Egipto) atraen aún hoy a miles de peregrinos.

La convivencia con el islam fue históricamente regulada por el estatuto de dhimma (protegidos del Estado islámico), un marco jurídico ambivalente que ofrecía seguridad a cambio de un impuesto especial (jizya) y de ciertas restricciones simbólicas. La monarquía alauí, en particular Mohamed V durante el periodo de Vichy, protegió expresamente a sus súbditos judíos del antisemitismo nazi y se ha mantenido como garante institucional de la herencia judía marroquí. El actual rey Mohamed VI ha proseguido esa política, presidiendo restauraciones de sinagogas y cementerios y reconociendo expresamente la herencia judía en la constitución de 2011.

Cultura viva

El patrimonio cultural judeo-marroquí es excepcionalmente rico: la música andalousi judía (interpretada por solistas como Samy Elmaghribi, Salim Halali, Sami Marzouk), el melhûn judeo-marroquí, los piyutim (poesía religiosa cantada), la gastronomía sefardí (dafina, harira con miel, panes ácimos especiales) y la literatura en haquetía, judeo-árabe, hebreo y francés. Escritores contemporáneos como Edmond Amran El Maleh, Marcel Bénabou y Eliette Abécassis han llevado la experiencia judeo-marroquí a las letras europeas.

El Museo del Judaísmo Marroquí de Casablanca (único en el mundo árabe-musulmán dedicado a la herencia judía) y el Centro Internacional Judeo-Marroquí Bayt Dakira, inaugurado en Esauira en 2020, son emblemas de esta política patrimonial. El gobierno marroquí ha restaurado en los últimos quince años decenas de sinagogas y cementerios, con financiación pública.

Claves

  • Población actual: entre dos mil y tres mil residentes en Marruecos, concentrados en Casablanca. La diáspora judeo-marroquí supera el millón de personas en Israel (donde son uno de los grupos sefardíes más numerosos), Francia, Canadá, EE. UU., España y Venezuela.
  • Estatus institucional: el Consejo de las Comunidades Israelitas de Marruecos sigue activo; el Gran Rabinato de Marruecos funciona; el dahir de 2011 reconoce la herencia hebrea como una de las raíces de la identidad nacional marroquí.
  • Hito contemporáneo: en 2020, Marruecos restableció relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham, lo que reactivó los flujos turísticos y patrimoniales judeo-marroquíes y la inversión binacional.
  • Diáspora: Israel acoge a la mayoría de los descendientes (más de novecientos mil personas se identifican como judíos de origen marroquí); Francia, Canadá (especialmente Montreal) y España son otros centros importantes.
  • Lecturas recomendadas: Schroeter (2002) sigue siendo la mejor entrada académica reciente; The Jews of Morocco de Haïm Zafrani (1972) sigue siendo referencia clásica.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un mellah?

El mellah es el barrio judío de las ciudades marroquíes tradicionales. El primero se creó en Fez en 1438, en una antigua salina (de ahí el nombre mellah, «salado»). Era una zona urbana cerrada por murallas, con sinagogas, escuelas (yeshivot), tribunales rabínicos, hornos comunitarios, gremios profesionales y un estatuto jurídico propio. Los mellahs de Fez, Marrakech, Mequinez, Tetuán y Esauira son hoy patrimonio urbano restaurado, con sinagogas musealizadas abiertas al público.

¿Qué es la haquetía?

La haquetía es el judeoespañol hablado por los megorashim del norte de Marruecos (Tetuán, Tánger, Larache, Xauen, Asila). Variedad afín al ladino oriental, conserva léxico y formas del castellano medieval junto a préstamos del árabe y del hebreo. Sufrió un proceso de re-castellanización con la apertura del protectorado español (1912-1956) que llevó a muchos hablantes a adoptar el castellano estándar; hoy queda como lengua de memoria y de revitalización académica, con activistas en Tánger, Madrid y Caracas.

¿Hay todavía judíos viviendo en Marruecos?

Sí. Entre dos mil y tres mil judíos marroquíes residen aún en el país, principalmente en Casablanca, con sinagogas activas, escuelas judías, ESS y residencias para personas mayores. Marrakech, Fez, Mequinez, Rabat y Tánger conservan comunidades muy reducidas. La diáspora visita Marruecos regularmente, sobre todo durante las hiloulot, y el turismo judeo-marroquí desde Israel ha crecido notablemente desde 2020.

Bibliografía

  • Schroeter, Daniel J. (2002). The Sultan’s Jew: Morocco and the Sephardi World. Stanford: Stanford University Press. Stanford UP
  • Zafrani, Haïm. (1972). Les Juifs du Maroc: Vie sociale, économique et religieuse. París: Geuthner.
  • Laskier, Michael M. (1983). The Alliance Israélite Universelle and the Jewish Communities of Morocco, 1862-1962. Albany: SUNY Press. SUNY Press
  • Stillman, Norman A. (1979). The Jews of Arab Lands: A History and Source Book. Filadelfia: Jewish Publication Society.
  • Tobi, Joseph y Tobi, Tsivia. (2014). Judeo-Arabic Literature in Tunisia, 1850-1950. Detroit: Wayne State University Press.

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