En el este de Etiopía, encaramada sobre una meseta a 1.885 metros de altitud, se alza una ciudad que desafía toda proporción: apenas un kilómetro cuadrado de superficie amurallada que contiene 82 mezquitas, 102 santuarios, un laberinto de callejuelas medievales y una tradición viva que ha convertido a Harar en la cuarta ciudad santa del islam según sus habitantes, después de La Meca, Medina y Jerusalén. Los harari —también llamados ge usu o «gente de la ciudad»— son el pueblo que construyó, habitó y defendió esta urbe durante más de cinco siglos, creando una cultura urbana islámica singular en el corazón del Cuerno de África. Con una población de apenas unas 50.000 personas, los harari constituyen el grupo étnico más pequeño con su propia región administrativa en la Etiopía federal, pero su influencia cultural, religiosa y comercial ha irradiado durante siglos por todo el África Oriental. Dentro de sus muros perviven tradiciones extraordinarias: la alimentación nocturna de hienas salvajes, las casas con paredes interiores tapizadas de cestas multicolores y el recuerdo del poeta francés Arthur Rimbaud, que eligió este rincón del mundo para reinventarse como comerciante.
Ficha técnica
| Denominación | Harari (Ge Usu, Adare) |
| Población estimada | ~50.000 personas |
| Ubicación | Ciudad amurallada de Harar y alrededores, región de Harari, este de Etiopía |
| Lengua | Harari (familia semítica etíope meridional, tronco afroasiático) |
| Economía | Comercio, agricultura (café, chat/khat, sorgo), artesanía (cestería, tejido) |
| Religión | Islam sunní (práctica totalidad) |
| Rasgo distintivo | Ciudad amurallada (Jugol) Patrimonio UNESCO, 82 mezquitas, alimentación de hienas |
| Amenaza principal | Diáspora masiva, dilución demográfica, presión urbanística sobre Jugol |
Organización social y política
La sociedad harari se estructuró históricamente en torno al emirato de Harar, una entidad política independiente que gobernó la ciudad y sus alrededores durante siglos, con un emir hereditario que ejercía el poder con el consejo de una asamblea de notables religiosos y comerciantes. El emirato mantuvo su independencia hasta la conquista del emperador Menelik II en 1887, un evento traumático que los harari recuerdan como el fin de su soberanía política. La sociedad urbana se organizaba en barrios (toya) que funcionaban como unidades sociales, cada uno con su mezquita, su fuente de agua y sus festividades propias. Las familias harari se agrupan en linajes patrilineales que determinan la identidad social, aunque la vida urbana ha difuminado parcialmente las fronteras clánicas en favor de una identidad harari compartida definida por la lengua, la religión y la pertenencia a la ciudad amurallada. Las mujeres harari han ocupado históricamente un papel prominente en la economía doméstica y el comercio minorista, gestionando los mercados locales de especias, cestería y productos agrícolas. El matrimonio sigue patrones endogámicos que privilegian las uniones entre familias harari, aunque la migración y la convivencia con oromo y somali han flexibilizado estas normas.
Lengua y vocabulario
El harari (también llamado ge sinan, «lengua de la ciudad») pertenece a la rama semítica etíope meridional del tronco afroasiático, emparentado con el gurage, el silte y, más lejanamente, con el amárico. Es una de las pocas lenguas semíticas de Etiopía con una tradición escrita propia en caracteres árabes, utilizada históricamente para la poesía religiosa, la correspondencia comercial y los tratados teológicos. El vocabulario harari refleja siglos de intercambio comercial: contiene préstamos del árabe (religión y comercio), del oromo (agricultura y ganadería), del somali (pastoreo y caravanas) y, más recientemente, del amárico e incluso del inglés. La lengua está hoy en situación de vulnerabilidad: muchos jóvenes harari crecen hablando amárico u oromo como primera lengua, y la diáspora en Adís Abeba, Europa y Norteamérica utiliza el harari cada vez menos en la vida cotidiana.
| Término | Significado aproximado |
| Jugol | La ciudad amurallada histórica, recinto fortificado de Harar |
| ge usu | «Gente de la ciudad», autodenominación harari |
| waraba | Hiena, animal integrado en la cultura y ritual harari |
| chat | Khat (Catha edulis), planta estimulante de uso social generalizado |
| ge sinan | «Lengua de la ciudad», nombre del idioma harari |
Territorio y paisaje
El territorio harari se concentra en la ciudad amurallada de Harar (Jugol) y sus inmediaciones, en una meseta del este etíope rodeada de colinas cultivadas de café, chat y sorgo. El Jugol es un recinto fortificado de aproximadamente un kilómetro cuadrado rodeado por una muralla de piedra y barro de entre tres y cinco metros de altura, construida entre los siglos XIII y XVI, con cinco puertas históricas que conectan la ciudad con las rutas comerciales que la vinculaban al puerto de Zeila, en el golfo de Adén, y al interior del altiplano etíope. Dentro de la muralla, un laberinto de callejuelas estrechas conecta las 82 mezquitas, los santuarios de santos musulmanes (awach), los mercados y las casas tradicionales en una densidad urbana que no tiene paralelo en Etiopía. Fuera del Jugol, las colinas circundantes están tapizadas de plantaciones de chat (Catha edulis), la planta estimulante cuyas hojas se mascan durante horas en sesiones sociales y cuyo comercio constituye hoy la principal fuente de ingresos de la región. El paisaje agrícola incluye también café, sorgo, cacahuetes y huertos de frutales, aunque el chat ha desplazado progresivamente a otros cultivos por su mayor rentabilidad.
Vestimenta y ornamentación corporal
La estética harari es marcadamente urbana e islámica, muy distinta de la de los pueblos pastoriles de la región. Las mujeres harari visten tradicionalmente vestidos de colores vibrantes —rojos, naranjas, verdes— con bordados elaborados y pañuelos que cubren el cabello, siguiendo la tradición islámica pero con un sentido del color y la ornamentación que distingue a Harar de cualquier otra ciudad musulmana del Cuerno de África. La joyería de plata, con diseños que combinan motivos geométricos islámicos con elementos locales, constituye un arte tradicional de gran refinamiento. Los hombres visten hoy en día ropa convencional, aunque en las mezquitas y durante las festividades religiosas se portan túnicas blancas y gorros bordados. El elemento más distintivo de la cultura material harari es la decoración interior de las casas tradicionales: las paredes de las estancias principales se cubren completamente con cestas multicolores dispuestas en patrones geométricos simétricos, junto con platos de cerámica, bandejas decorativas y nichos ornamentales. Este arte mural doméstico, conocido como ge gar, convierte cada hogar harari en un espacio de belleza envolvente que funciona simultáneamente como indicador del estatus familiar y como expresión de la identidad cultural.
Creencias y espiritualidad
Harar es, ante todo, una ciudad santa islámica. Sus 82 mezquitas y 102 santuarios de santos sufíes (awach) en apenas un kilómetro cuadrado constituyen la mayor densidad de lugares sagrados musulmanes de toda África. El islam llegó a Harar en los primeros siglos de la expansión musulmana y se consolidó como la identidad definitoria del emirato: los harari se consideran a sí mismos guardianes de una tradición islámica ininterrumpida de más de un milenio. La espiritualidad harari está profundamente marcada por el sufismo, las corrientes místicas del islam, con cofradías (tariqa) que practican el dhikr (recitación rítmica de los nombres de Dios) y veneran a santos locales cuyos santuarios puntean cada rincón de la ciudad. Las festividades religiosas, como el Mawlid (nacimiento del Profeta) y el Ashura, se celebran con una intensidad y una particularidad local que las distinguen de las celebraciones del resto del mundo islámico. La relación con las hienas tiene también una dimensión espiritual: la tradición harari las considera protectoras de la ciudad contra los malos espíritus, y la ceremonia nocturna de alimentación se interpreta como un pacto ancestral entre los humanos y estos animales que mantiene el equilibrio espiritual del Jugol.
Medicina tradicional
La medicina tradicional harari combina la herbolaria local con la medicina profética islámica (tibb an-nabawi), creando un sistema terapéutico dual que integra saberes africanos y árabes. Los curanderos (sheikh) prescriben tratamientos que pueden incluir infusiones de plantas medicinales, recitación de versículos coránicos sobre agua que luego se bebe, amuletos protectores con textos sagrados y dietas específicas basadas en los alimentos recomendados por la tradición profética (miel, dátiles, comino negro). El chat se ha utilizado tradicionalmente como estimulante contra la fatiga y como remedio para trastornos digestivos leves, aunque su uso masivo como droga social ha generado problemas de salud pública que incluyen insomnio, deterioro dental y dependencia. Las especias del mercado de Harar —jengibre, cúrcuma, comino, fenogreco— se emplean extensamente como remedios caseros para dolencias comunes. La ciudad cuenta hoy con un hospital y varios centros de salud, pero la medicina tradicional islámica mantiene un prestigio considerable, especialmente para dolencias que se atribuyen a causas espirituales como el mal de ojo o la posesión por djinn.
Cultura viva: hienas, Rimbaud y cestas
La tradición más célebre de Harar es, sin duda, la alimentación nocturna de las hienas. Cada noche, al caer la oscuridad, uno o dos «hombres hiena» (waraba nuralenya) se sitúan junto a las puertas de la muralla y ofrecen trozos de carne cruda a las hienas manchadas que se acercan desde las colinas circundantes. Los animales comen directamente de la mano del alimentador, y algunos turistas especialmente intrépidos participan sosteniendo un palo con carne entre los dientes mientras una hiena lo toma con sus poderosas mandíbulas. Esta tradición, que se remonta según las fuentes locales a varios siglos, tiene raíces tanto pragmáticas (mantener a las hienas alimentadas para que no ataquen al ganado ni a las personas) como espirituales (el pacto con las hienas como garantes de la paz de la ciudad). Cada año, durante el festival de Ashura, se prepara una papilla de gachas que se ofrece a las hienas en una ceremonia colectiva: si las hienas la aceptan de buen grado, se interpreta como un augurio de prosperidad para el año entrante.
Harar guarda también la memoria de Arthur Rimbaud, el poeta maldito francés que a los 21 años abandonó la literatura para siempre y se reinventó como comerciante de café, pieles y posiblemente armas en el este de África. Rimbaud vivió en Harar entre 1880 y 1891, y su casa —hoy convertida en museo— se alza como un recordatorio de la fascinación que esta ciudad ejercía sobre los espíritus más inquietos de Europa. La cultura del chat constituye otro pilar de la vida social harari: las sesiones vespertinas de masticación colectiva de hojas de khat, acompañadas de conversación, té y cacahuetes, funcionan como el equivalente social del café en otras culturas, un espacio de encuentro, debate y ocio que articula la vida comunitaria. Las cestas multicolores que decoran las paredes interiores de las casas son obra de mujeres artesanas que dominan un repertorio de diseños geométricos transmitidos de madres a hijas, utilizando fibras vegetales teñidas con pigmentos naturales y sintéticos en combinaciones de color audaces y alegres.
Sombras y amenazas
La supervivencia de la identidad harari enfrenta una amenaza existencial de carácter demográfico: la diáspora masiva ha dispersado a una parte significativa de la población harari por Adís Abeba, Arabia Saudí, Europa y Norteamérica, mientras que dentro de la propia ciudad de Harar los harari se han convertido en minoría frente a los oromo, amhara y somali que han migrado a la ciudad en las últimas décadas. El Jugol, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2006, sufre presiones urbanísticas que amenazan su integridad: construcciones modernas que rompen la armonía del tejido medieval, sobrecarga de infraestructuras (agua, saneamiento) en un espacio diseñado para una población mucho menor, y la transformación de casas tradicionales en alojamientos turísticos que altera su función social. El monocultivo del chat ha desplazado a cultivos alimentarios tradicionales, creando una dependencia económica de una planta cuyo estatus legal y social es controvertido a nivel internacional. La lengua harari pierde hablantes con cada generación que crece en la diáspora o en un Harar cada vez más multiétnico donde el amárico y el oromo dominan la vida pública.
Reflexiones finales
Harar es una de esas ciudades que obligan a repensar las categorías con las que clasificamos el mundo. No encaja en la imagen estereotipada del «África tribal», ni en la del «mundo árabe islámico», ni en la de la «Etiopía cristiana ortodoxa» que domina la narrativa nacional. Es las tres cosas y ninguna: una ciudad africana, islámica, etíope y profundamente singular que ha tejido durante siglos una identidad propia a partir de hilos culturales de tres continentes. La alimentación nocturna de las hienas, lejos de ser un espectáculo para turistas, codifica una relación entre humanos y fauna salvaje que no tiene equivalente en ninguna otra cultura urbana del mundo. Y las cestas que cubren las paredes de las casas harari no son mera decoración: son la afirmación visual de una civilización que se niega a desaparecer, incluso cuando su población se dispersa y su lengua se debilita. Harar nos recuerda que las ciudades más pequeñas pueden contener las culturas más densas.
Preguntas frecuentes sobre los harari
¿Es cierto que en Harar alimentan hienas cada noche?
Sí. Cada noche, los llamados «hombres hiena» ofrecen carne cruda a las hienas manchadas junto a las puertas de la muralla del Jugol. Esta tradición se remonta a varios siglos y tiene raíces tanto pragmáticas (evitar ataques al ganado) como espirituales (pacto ancestral con las hienas como protectoras de la ciudad). Los visitantes pueden presenciar e incluso participar en la ceremonia alimentando a las hienas directamente.
¿Por qué se considera Harar la cuarta ciudad santa del islam?
Los harari consideran a Harar la cuarta ciudad santa del islam (tras La Meca, Medina y Jerusalén) por su extraordinaria concentración de 82 mezquitas y 102 santuarios de santos sufíes en apenas un kilómetro cuadrado, su papel como centro de erudición islámica en el Cuerno de África durante más de un milenio, y su resistencia como emirato musulmán independiente frente a la Etiopía cristiana. Esta denominación es una tradición local no reconocida oficialmente por el conjunto del mundo islámico.
¿Qué relación tiene Rimbaud con Harar?
El poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891), considerado uno de los genios de la poesía moderna, abandonó la literatura a los 21 años y se instaló en Harar como comerciante de café, pieles y otros productos. Vivió en la ciudad entre 1880 y 1891, hasta que una enfermedad le obligó a regresar a Francia, donde murió. Su casa en Harar es hoy un museo, y su presencia añade una capa literaria a la ya densa identidad cultural de la ciudad.
Bibliografía y lecturas recomendadas
Gibb, C. (1999). «Sharing the Faith: Religion and Ethnicity in the City of Harar». Horn of Africa, 17(1-4), 144-162. Análisis de la coexistencia religiosa y étnica en la ciudad de Harar y el papel del islam en la identidad harari.
Waldron, S.R. (1984). «The Political Economy of Harari-Oromo Relationships, 1559-1874». Northeast African Studies, 6(1-2), 23-39. Estudio histórico de las complejas relaciones entre harari y oromo que han definido la región durante siglos.
Revault, P. (2004). Maisons de Harar. París: Maisonneuve et Larose. Monografía arquitectónica sobre las casas tradicionales harari, con documentación fotográfica de las paredes decoradas con cestas.
Baynes, M. (2012). Feeding the Hyenas: The Night Feeders of Harar, Ethiopia. Documental etnográfico sobre la tradición de la alimentación de hienas, con testimonios de los «hombres hiena» y su contexto cultural.
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