Sukuma: Origen, historia, cultura y tradiciones

Sukuma

Sukuma: la etnia más numerosa de Tanzania

Al sur del lago Victoria, en una inmensa llanura de sabana que se extiende por las regiones de Mwanza, Shinyanga y Simiyu, vive el pueblo más numeroso de Tanzania y uno de los grupos étnicos más grandes de toda el África Oriental. Los sukuma —cuyo nombre significa «pueblo del norte» en referencia a su posición respecto a los nyamwezi— suman aproximadamente diez millones de personas, lo que los convierte en una presencia demográfica abrumadora que, sin embargo, rara vez aparece en los libros de viajes o en los documentales sobre África. No poseen la fama guerrera de los masái, ni el exotismo de los hadzabe, ni la prosperidad educativa de los chagga. Su historia es la de un pueblo de agricultores y ganaderos que ha construido una cultura extraordinariamente rica en expresión artística, organización comunitaria y resistencia frente al colonialismo, sin necesitar para ello ni montañas dramáticas ni paisajes fotogénicos. Conocer a los sukuma es conocer la Tanzania profunda, la que no aparece en los catálogos turísticos pero que constituye el verdadero sustrato humano de la nación.

Ficha técnica de los sukuma

Población estimada~10.000.000 de personas (la etnia más numerosa de Tanzania)
Ubicación principalRegiones de Mwanza, Shinyanga, Simiyu, Geita y Tabora, al sur del lago Victoria
LenguaSukuma (también llamado kisukuma)
Familia lingüísticaBantú (zona F21 de Guthrie, estrechamente emparentada con el kinyamwezi)
Modo de subsistenciaAgricultura (algodón, mijo, arroz, maíz), ganadería extensiva (bovina), pesca en el lago Victoria
Organización socialJefaturas (ntemi), clanes patrilineales, sociedades de danza competitiva
ReligiónReligión tradicional (culto a los ancestros, curanderos bafumu), cristianismo (católico y protestante), islam minoritario
Dato destacadoLas sociedades de danza Bagika y Bagalu, y los grupos Sungusungu de vigilancia comunitaria

Organización social: el ntemi y las sociedades de danza

La organización política tradicional sukuma se estructuraba en torno al sistema ntemi, una forma de jefatura en la que el gobernante (ntemi) ejercía una autoridad fundamentalmente ritual y judicial, limitada por un consejo de ancianos y por las normas consuetudinarias del clan. El ntemi no era un rey guerrero sino un guardián del equilibrio entre el mundo visible y el invisible: su persona estaba investida de poder sagrado que garantizaba la lluvia, la fertilidad de los campos y la salud del ganado. Cuando las cosechas fallaban o las epidemias golpeaban al ganado, la responsabilidad recaía sobre el ntemi, que podía ser depuesto si se consideraba que había perdido su poder espiritual. Esta concepción del liderazgo como servicio ritual, no como acumulación de poder político, es uno de los rasgos más característicos de las culturas bantúes del África Oriental y se mantenía vigente entre los sukuma hasta bien entrado el período colonial.

Pero el aspecto más singular de la organización social sukuma es la existencia de las sociedades de danza competitiva, instituciones que combinan funciones artísticas, sociales y políticas de un modo que no tiene paralelo exacto en otras culturas africanas. Las dos grandes sociedades son los Bagika y los Bagalu, cuyos miembros compiten entre sí en espectaculares torneos de danza, música y acrobacia que pueden durar varios días y congregar a miles de espectadores. Estas competiciones no son mero entretenimiento: son el escenario donde se dirimen prestigios familiares, se refuerzan alianzas entre clanes y se canalizan rivalidades que de otro modo podrían desembocar en violencia. Pertenecer a los Bagika o a los Bagalu es una identidad tan fuerte como la pertenencia clánica, y la lealtad a la sociedad se transmite de padres a hijos. Los bailarines entrenan durante meses, elaboran vestuarios y tocados espectaculares con plumas, pieles y cascabeles, y ejecutan coreografías de extraordinaria complejidad física que incluyen saltos, giros y acrobacias de suelo. El Museo Sukuma de Bujora, fundado por el misionero canadiense David Clement en 1954, ha sido fundamental en la preservación y difusión de esta tradición dancística.

Lengua sukuma: la bantú del lago

El kisukuma es una lengua bantú estrechamente emparentada con el kinyamwezi, hasta el punto de que algunos lingüistas consideran ambas como variantes dialectales de un mismo continuo lingüístico. Con aproximadamente diez millones de hablantes, es la lengua materna más hablada de Tanzania, superando incluso al suajili en número de hablantes nativos (aunque no en extensión geográfica ni en prestigio). El kisukuma se caracteriza por un sistema tonal complejo —los cambios de tono alteran el significado de las palabras— y por un rico repertorio de proverbios, adivinanzas y narrativas orales que constituyen el vehículo principal de transmisión del saber tradicional.

Término en kisukumaSignificado
ntemiJefe tradicional con funciones rituales y judiciales
bafumuCuranderos tradicionales (plural de nfumu)
bulaboSistema de trabajo comunal recíproco
ng’ombeGanado bovino (símbolo máximo de riqueza)
wigasheDanza ritual de las sociedades competitivas
sungusunguGrupo de vigilancia comunitaria

A pesar de su enorme base de hablantes, el kisukuma no tiene estatus oficial en Tanzania y no se utiliza en la educación formal ni en la administración. El suajili, lengua nacional promovida activamente por el Estado desde la independencia como instrumento de unidad nacional, ha ido penetrando en todos los ámbitos de la vida pública sukuma, creando una situación de diglosia en la que el sukuma se reserva para el hogar y la comunidad rural mientras el suajili domina la escuela, el mercado y la política.

Territorio: la sabana del lago Victoria

El territorio sukuma se extiende por una vasta planicie de sabana salpicada de kopjes (afloramientos rocosos de granito) que se eleva suavemente desde las orillas meridionales del lago Victoria hacia el interior. Es un paisaje de horizontes interminables, con suelos de fertilidad variable que oscilan entre las arcillas pesadas de las depresiones y los arenales ligeros de las mesetas. La pluviometría es irregular y la estación seca puede ser severa, lo que ha convertido al ganado bovino en un seguro de subsistencia tan importante como la agricultura: cuando las cosechas fallan, el ganado proporciona leche, carne y, sobre todo, un capital que puede venderse para comprar alimentos. La ciudad de Mwanza, segunda urbe de Tanzania, es el centro comercial y administrativo del territorio sukuma y el puerto principal del lago Victoria, punto de conexión entre la economía agrícola y ganadera del interior y las redes comerciales del lago.

Vestimenta y cultura material

La vestimenta cotidiana de los sukuma contemporáneos no difiere significativamente de la del resto de la Tanzania rural: prendas de algodón importado, kangas y kitenge para las mujeres, pantalones y camisas para los hombres. Sin embargo, la indumentaria ceremonial asociada a las sociedades de danza es de una espectacularidad que contrasta con la modestia del atuendo diario. Los bailarines de los Bagika y los Bagalu se adornan con tocados de plumas de avestruz, pieles de colobo y serval, cascabeles metálicos en los tobillos, collares de cuentas y pinturas corporales que varían según la sociedad y el rango del danzante. Estos vestuarios se elaboran durante meses y su calidad es uno de los criterios de evaluación en las competiciones. La cultura material sukuma incluye también una rica tradición de escultura en madera: figuras de ancestros, taburetes ceremoniales y bastones de mando tallados con una estilización geométrica distintiva que los diferencia de la escultura makonde del sur de Tanzania.

Creencias: los ancestros, los bafumu y la lluvia

La religión tradicional sukuma se centra en el culto a los espíritus ancestrales, que se consideran presentes en la vida cotidiana e influyentes en la salud, la fertilidad y la prosperidad de los vivos. Los ancestros se comunican con los vivos a través de los sueños, los presagios y la mediación de los bafumu, los curanderos-adivinos que constituyen la figura religiosa más importante de la sociedad sukuma. El nfumu (singular de bafumu) combina funciones que en la tradición occidental se separarían en médico, sacerdote, psicólogo y juez: diagnostica enfermedades, identifica a los causantes de brujería, prescribe remedios herbales y rituales de purificación, y actúa como mediador en conflictos familiares y comunitarios. La brujería (bulogi) es una preocupación central en la cosmovisión sukuma: la enfermedad, la muerte prematura, la pérdida de cosechas y la infertilidad se atribuyen frecuentemente a la acción maléfica de brujos, y la identificación y neutralización de estos agentes maléficos es una de las funciones principales del nfumu. Los rituales de lluvia, celebrados al inicio de la estación húmeda, tienen una importancia vital en una economía agrícola dependiente de precipitaciones irregulares: el ntemi, asistido por los bafumu, ejecuta ceremonias propiciatorias que incluyen ofrendas a los ancestros, invocaciones y, en algunos casos, el sacrificio de animales.

Medicina tradicional

La medicina sukuma está inseparablemente ligada al sistema de creencias descrito anteriormente. Los bafumu diagnostican mediante adivinación (lanzamiento de huesos, lectura de entrañas de pollo, consulta a los espíritus) y tratan mediante una combinación de remedios herbales y rituales de purificación. La farmacopea sukuma incluye cientos de plantas cuyas propiedades se transmiten dentro de linajes de curanderos especializados. Existen bafumu generalistas y especialistas en áreas específicas: fracturas óseas, mordeduras de serpiente, problemas de fertilidad, enfermedades infantiles. La relación entre la medicina tradicional y la biomedicina es compleja y cambiante: muchos sukuma acuden simultáneamente al dispensario y al nfumu, utilizando cada sistema para las dolencias que consideran más apropiadas. El gobierno tanzano ha adoptado una política de coexistencia, registrando a los curanderos tradicionales y promoviendo el diálogo entre ambos sistemas, aunque la persecución de la brujería y las acusaciones de bulogi siguen generando episodios de violencia comunitaria que constituyen uno de los problemas sociales más graves de la región.

Cultura: bulabo, algodón y resistencia

La cultura sukuma ha sido moldeada por tres fuerzas históricas que siguen resonando en el presente: la tradición comunitaria del bulabo, la imposición colonial del algodón y la resistencia organizada que surgió como respuesta. El bulabo es un sistema de trabajo comunal recíproco en el que las familias se turnan para ayudarse mutuamente en las tareas agrícolas más pesadas —la siembra, la cosecha, la construcción de viviendas—, convirtiendo el trabajo individual en celebración colectiva acompañada de música, cerveza de mijo y competencia amistosa. Este sistema, que funcionaba perfectamente en una economía de subsistencia, fue violentamente perturbado por la imposición colonial británica del cultivo obligatorio de algodón a partir de los años veinte del siglo XX. La administración colonial obligó a los campesinos sukuma a dedicar parte de sus tierras al algodón, un cultivo de exportación que no les alimentaba y cuyo precio lo fijaban compradores que ellos no elegían. La resistencia sukuma a estos esquemas de cultivo forzado adoptó formas múltiples: desde la desobediencia pasiva (plantar poco algodón y mal cuidado) hasta la protesta organizada, y sentó las bases de una conciencia política que alimentaría el movimiento independentista.

La otra gran innovación social sukuma es el sistema Sungusungu, grupos de vigilancia comunitaria que surgieron espontáneamente en la década de 1980 como respuesta al aumento del robo de ganado y la incapacidad de la policía estatal para proteger a las comunidades rurales. Los Sungusungu organizaban patrullas nocturnas, juzgaban a los ladrones capturados según normas consuetudinarias y aplicaban castigos que incluían multas, azotes y la confiscación de bienes. Su eficacia fue tal que el gobierno de Nyerere los reconoció oficialmente e intentó integrarlos en el sistema de justicia estatal, con resultados ambivalentes: la formalización redujo algunos abusos pero también politizó a los grupos, que en algunas zonas fueron utilizados por líderes locales para intimidar rivales. Los Sungusungu siguen activos en muchas comunidades sukuma y constituyen un ejemplo fascinante de justicia comunitaria que opera en los márgenes del Estado moderno.

Sombras: brujería, violencia y marginación

La sociedad sukuma enfrenta desafíos profundos que la prosperidad estadística de Tanzania como nación en crecimiento no logra disimular. Las acusaciones de brujería siguen provocando episodios de violencia que incluyen el asesinato de personas señaladas como brujas, particularmente mujeres ancianas y personas con albinismo, cuyas partes del cuerpo son utilizadas en rituales de «medicina» por curanderos inescrupulosos. Esta violencia, que las organizaciones de derechos humanos han documentado ampliamente, tiene raíces complejas que combinan creencias tradicionales con tensiones económicas y conflictos por la tierra. La marginación educativa respecto a otros grupos étnicos tanzanos, especialmente los chagga, ha limitado el acceso de los sukuma a posiciones de poder en la administración y la economía nacional. La degradación ambiental de la cuenca del lago Victoria —contaminación, sobrepesca, proliferación de jacinto de agua— afecta directamente a las comunidades sukuma que dependen del lago para la pesca y el agua. Y la presión sobre la tierra, intensificada por el crecimiento demográfico y la expansión de la minería de oro artesanal, genera conflictos cada vez más frecuentes entre agricultores, ganaderos y empresas mineras.

Reflexiones finales

Los sukuma son el pueblo invisible de Tanzania: demasiado numerosos para ser exóticos, demasiado rurales para ser influyentes, demasiado ordinarios para atraer la curiosidad del turismo internacional. Y sin embargo, su historia contiene lecciones que merecen atención. Sus sociedades de danza demuestran que la competencia ritual puede canalizar la agresión social de formas más creativas que la guerra. Su sistema bulabo de trabajo recíproco ofrece un modelo de cooperación comunitaria que las teorías del desarrollo ignoran a su propio riesgo. Su resistencia al cultivo forzado de algodón es un capítulo de la historia anticolonial africana que debería figurar en todos los manuales. Y sus Sungusungu, con todas sus ambigüedades, plantean preguntas urgentes sobre qué sucede cuando el Estado no puede garantizar la seguridad y las comunidades deciden hacerlo por sí mismas. Ignorar a los sukuma es ignorar a la mitad de Tanzania.

Para seguir explorando los pueblos de esta región, visita nuestra guía completa sobre las tribus del África Oriental.

Preguntas frecuentes sobre los sukuma

¿Por qué los sukuma son tan poco conocidos si son la etnia más grande de Tanzania?

Varias razones explican esta paradoja. Los sukuma no poseen rasgos visuales espectaculares (como las escarificaciones masái o los labios con disco de los mursi), no habitan paisajes icónicos del turismo y su modo de vida agrícola-ganadero se percibe como «ordinario» desde la mirada occidental. Además, la política de unidad nacional promovida por Nyerere desalentó la identificación étnica pública, lo que hizo que los sukuma, como el resto de los tanzanos, se presentaran como tanzanos antes que como sukuma en los contextos formales.

¿Qué es el Museo Sukuma de Bujora?

El Museo Sukuma de Bujora, situado a unos 18 kilómetros de Mwanza, fue fundado en 1954 por el misionero canadiense David Clement con el objetivo de preservar la cultura material y las tradiciones de los sukuma. Alberga una colección de objetos ceremoniales, instrumentos musicales, esculturas, vestimenta de danza y una reconstrucción de la vivienda tradicional. Los fines de semana se celebran actuaciones de las sociedades de danza Bagika y Bagalu, lo que lo convierte en uno de los pocos lugares donde se puede presenciar esta tradición en un contexto relativamente auténtico.

¿Los Sungusungu siguen existiendo?

Sí, los grupos Sungusungu siguen activos en muchas comunidades rurales sukuma y se han extendido a otras zonas de Tanzania. Su función principal sigue siendo la vigilancia contra el robo de ganado y la delincuencia menor. El gobierno tanzano los ha reconocido legalmente, aunque su relación con el sistema judicial formal sigue siendo ambigua y varía según la región.

Bibliografía y lecturas recomendadas

Cory, Hans. The Ntemi: The Traditional Rites in Connection with the Burial, Election, Enthronement and Magic Powers of a Sukuma Chief. Macmillan, 1951. — Tanner, R.E.S. «The Sorcerer in Northern Sukumaland, Tanganyika». Southwestern Journal of Anthropology, vol. 12, n.º 4, 1956. — Abrahams, Ray. Vigilant Citizens: Vigilantism and the State. Polity Press, 1998. — Wijsen, Frans y Ralph Tanner. I Am Just a Sukuma: Globalization and Identity Construction in Northwest Tanzania. Rodopi, 2002. — Bukurura, Sufian Hemed. «The Maintenance of Order in Rural Tanzania: The Case of Sungusungu». Journal of Legal Pluralism, vol. 34, 1994. — Varkevisser, Corlien M. Socialization in a Changing Society: Sukuma Childhood in Rural and Urban Mwanza, Tanzania. Centre for the Study of Education in Developing Countries, 1973.


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